Sufrimiento: una realidad universal

Hay un hilo común en nuestra sociedad. Se puede ver y percibir en todas las esferas, independientemente de los antecedentes socioeconómicos, la afiliación política o incluso la educación religiosa. La angustia, la desdicha, la adversidad y el dolor son algo que todos los seres del mundo experimentan. El sufrimiento podría definirse como el estado de experimentar dolor junto con angustia, acompañado de dificultades. Realmente no importa si las personas viven en el este o en el oeste, ya sea que las personas nazcan en la riqueza o en la pobreza. Cada persona en la Tierra, en algún momento de su vida, sufre cualquier forma de adversidad.

El sufrimiento es una realidad. Ya sea que tome la forma de una crisis económica en países del tercer mundo, o una amenaza epidémica en los países desarrollados, ya sea la bancarrota o el desempleo, la angustia inevitablemente encontrará su camino en la vida de las personas. El dolor es una realidad, una que toca las fibras más internas de la humanidad. A veces se sufre en silencio, a veces se sufre en comunidad.

En tiempos recientes, el sufrimiento parece estar escalando. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, en 2012, casi el 50% de los estadounidenses sufría al menos de una afección crónica. Según el CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, por sus siglas en inglés), cada año en los Estados Unidos, más de 1.5 millones de personas son diagnosticadas con cáncer y más de 500,000 mueren de la enfermedad. El sufrimiento es una realidad en todo el mundo, esta realidad plantea una pregunta fundamental, una que busca comprender y responder por qué, si Dios es amoroso, afectuoso y amable, la gente experimenta dolor, angustia, adversidad y sufrimiento.

La teología proporciona una respuesta que tiene como objetivo traer una resolución basada en la Escritura a dicha pregunta con el objetivo no solo de traer paz sino de fortalecer la fe del creyente. Para entender la respuesta, es esencial conocer el origen, la causa y el propósito del sufrimiento. Los cristianos luchan con el problema del dolor y el sufrimiento. De alguna manera cuando el dolor llega a nuestra vida, surge una confusión mental ya que, como creyentes, no podemos reconciliar el concepto de un Dios totalmente amoroso, compasivo y misericordioso, con la impactante realidad y el sufrimiento doloroso infundidos en nuestra vida. Una dicotomía espiritual y moral luego emerge en la mente y el espíritu del creyente ya que, aparentemente, no hay ningún punto de convergencia entre la bondad infinita de Dios y el avasallador sufrimiento. El creyente debe embarcarse en un viaje de reconciliación entre lapraxisy la doctrinae(conocimiento) del sufrimiento.

Hay una razón para sufrir. Todo tiene un punto de partida, entender el origen traerá perspectiva a “el problema” del dolor. Cuando todas las piezas se unen, el creyente puede construir una respuesta adecuada, basada en las Escrituras, que mejorará su vida espiritual. Si el sufrimiento se entiende como unvehículo para desarrollar y madurar la fe, entonces el creyente pronto descubrirá otro aspecto del corazón y el carácter de Dios, su fe también será fortalecida y su confianza en Dios Todopoderoso estará asegurada.

LA NATURALEZA DEL SUFRIMIENTO

Como ya se ha dicho, todo tiene un punto de partida, comprender el origen ayudará al creyente a entender la razón de lo que le preocupa. Para saber de dónde viene el sufrimiento, es esencial analizar el relato de la creación. Es dentro de la narrativa bíblica y de el evento de la creación que podemos entender las normas y los aspectos inusualesdel origen de todo.

El primer capítulo de la Biblia termina con una declaración fenomenal, que arroja luz y una idea de lo que teóricamentedebió haber sido la vida en la Tierra. Se nos dice que “Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!” (Gé 1:31). Aquí se puede rastrear un principio: todo lo que Dios crea es bueno. Este principio es respaldado en la narrativa de la creación en el libro de Génesis. La palabra hebrea utilizada para bien es tov,en el contexto de la creación significa todo lo que conduce a la vida. La bondad de Dios se refleja en todas sus obras. Esto se manifiesta en el hecho de que dentro del capítulo uno de Génesis tovse usa siete veces. Tradicionalmente, siete es el número de perfección. Por lo tanto, todo lo que Dios crea no solo es excelente sino perfecto.

En este escenario donde el estatus quoera la perfección, algo perturbaba la armonía y la tranquilidad del estado ideal de la creación. Pecado. Con la caída, no solo el pecado entró en escena, sino que el dolor, la corrupción, la muerte y el sufrimiento encontraron su camino también. En Génesis 3: 15-19, las consecuencias para la desobediencia de Adán y Eva quedan claras. El dolor y el sufrimiento vinieron como una consecuencia directa. Lo que fue creado, hermoso e inofensivo, fue oprimido por “espinas y cardos” (Gn.3:18). Dios no creó el sufrimiento como otro regalo más para la humanidad. Fue una consecuencia a la desobediencia del hombre. El dolor es, pues, resultado directo del pecado. La caída trajo una condición de miseria a la humanidad: el sufrimiento. El dolor no era la norma antes de Génesis 3; después de la caída, a la mujer se le dice que “con dolor darás a luz…” (Gé 3:16). Se asume que antes de Génesis 3:16 el sufrimiento era desconocido para la humanidad. A partir de este momento, la caída, la humanidad fue condenada a vivir con esta condición y a aprender cómo lidiar con ella. El cómo ver al sufrimiento y el dolor como un instrumento para observar y experimentar el cuidado de Dios, es algo que como creyentes debemos aprender.

El sufrimiento es consecuencia de la caída, no hay duda al respecto, pero vino con un subproducto: angustia, tristeza, desolación y una aterradora sensación de abandono. El hombre fue expulsado del jardín para siempre. La relación con el Creador fue afectada. Desde ese día en adelante, la humanidad sufre la consecuencia de la caída. El sufrimiento se convirtió en un intruso en el mundo perfectamente equilibrado que Dios creó para la humanidad, el dolor y la muerte fueron también secuelas de la caída. Toda la Tierra quedo maldecida. La creación perdió su maravilloso estado de perfección, se volvió imperfecta, corrompida por el pecado, y así se convirtió en el reino de la Serpiente. Satanás es el gobernante de este mundo corrupto (Juan 12:31, 13:30, 16:11), el objetivo del enemigo es acusar a los que se llaman a sí mismos hijos e hijas de Dios, a través de sus acusaciones, inflige, de forma desproporcionada, la realidad de sufriendo al creyente haciéndole dudar del amor, la gracia, la misericordia, el cuidado y la bondad de Dios hacia aquellos a quienes Él llama Suyos.

El sufrimiento es, por definición, doloroso. Es importante recordar siempre que hasta que este mundo experimente su transformación final (Apocalipsis 21: 1) y el hombre experimente la redención total, el quebrantamiento, el pecado, la corrupción, el dolor y el sufrimiento continuarán siendo una realidad en el mundo de hoy. No hay nada que la humanidad pueda hacer para evitar el sufrimiento, la ciencia ha ayudado a la humanidad a aliviar el dolor temporalmente. Tenemos medicamentos que apuntan a curar algunas afecciones, tenemos píldoras que engañan a nuestros cuerpos para que experimenten menos dolor, pero el sufrimiento del alma y del corazón es algo para lo que la ciencia no tiene medicina alguna para curar. A la humanidad no le gusta sufrir, esa es la razón por la cual cuando ocurre una tragedia, las personas se sienten atraídas a ayudar. La empatía y compasión nos mueven a ayudar. No estamos preparados para enfrentar el dolo y el sufrimiento de otros seres humanos, en especial aquellos a quienes amamos.

Es esencial diferenciar los tipos de sufrimiento en el mundo. El primer sufrimiento que la creación experimentó fue al principio de todo, con la caída, tanto la humanidad como la Tierra enfrentaron una realidad terrible: dolor y problemas. Como consecuencia a la Tierra se le conoció como “El mundo caído”, este nuevo estado afecta a cada persona que nace en este mundo después de que Adán y Eva pecaron. El segundo tipo de sufrimiento es el que viene como resultado directo de que hayamosnacido en pecado, el salmista describe esta realidad como sigue: “Pues soy pecador de nacimiento, así es, desde el momento en que me concibió mi madre.” Este es el sufrimiento que proviene de permitir que la carne se haga cargo y controle nuestras acciones. La carne, la naturaleza pecaminosa o el hombre carnal (el hombre carnal es el creyente que camina de acuerdo con el mundo), aun puede influir en la vida del creyente. Se considera “carnal” a todo creyente que permite que lacarnelo domine (Romanos 7:14). Inevitablemente el pecado produce sufrimiento. El tercer tipo de dolor es el que surge de la guerra espiritual, es decir, es el resultado de un ataque directo del enemigo. Este tipo de sufrimiento lo experimentan con mayor frecuencia aquellos hombre y mujeres que Dios les ha llamado a dedicar su vida por completo a su servicio. De cualquier manera, el sufrimiento en la vida del creyente es una realidad, no podemos escapar de él.

El sufrimiento produce enajenación. De alguna manera, el enemigo nos hace creer que lo que estamos sufriendo es lo que nos merecemos debido a nuestros propios errores o malas decisiones y que esa es la razón por la que Dios nos ha dado la espalda. Esa es una mentira que viene directamente del abismo del infierno. Es verdad que a veces sufrimos como resultado de tomar decisiones imprudentes, poco sabias, o basadas en la carne; por ejemplo, sufrir las consecuencias de un divorcio doloroso porque decidimos tener una aventura amorosa; o tal vez pasamos por un momento difícil con agujas debido a la diabetes ya que abusamos en nuestro consumo de azúcar; también podría ser que mentimos en nuestra declaración de impuestos y ahora enfrentamos un doloroso proceso de auditoria. Las decisiones imprudentes y pobres sobre nuestras finanzas pueden llevar a la angustia y a la miseria de la bancarrota. El enemigo es un experto en convencernos sobre algo que es completamente falso. Lo ha hecho en el pasado y continuará haciéndolo hasta que termine su tiempo de engaño en la Tierra. Lo hizo con Eva en el jardín cuando él le dijo: “—¡No morirán! —respondió la serpiente a la mujer—. Dios sabe que, en cuanto coman del fruto, se les abrirán los ojos y serán como Dios, con el conocimiento del bien y del mal.”(Gé 3: 4-5). La mujer sabía que Dios les había prohibido comer del árbol que estaba “en medio del huerto”, pero el enemigo la engañó y la convenció de que en realidad Dios no quería que se volvieran como Él. Satanás convenció a Eva y ella comió, y con ella también a Adán. Como resultado, el destino de la humanidad fue dictado, con él aparecieron el dolor y el sufrimiento. Satanás nos hará sentir que merecemos sufrir y por esa razón Dios no nos quiere cerca, la Serpiente Antigua viene es experta en plantar una vergüenza exacerbada en nuestra vida, y es esto lo que nos aleja de Dios. Un entendimiento erróneo de la vergüenza delante de Dios. La vergüenza producida por nuestro orgullo (a veces no querer reconocer que tomamos una decisión equivocada, o que Dios esta siendo injusto con nosotros) nos lleva a escondernos, a alienarnos, de Dios en los lugares equivocados. Hay un lugar en el cual podemos y debemos escondernos cuando la vergüenza inunda nuestros corazones: la gracia de Dios. La mayoría de las veces con ayuda del enemigo. Esta alienación produce malestar interno a medida que la ausencia de paz invade nuestros corazones. El sufrimiento produce ansiedad.

EL PROPÓSITO DEL SUFRIMIENTO

Hasta ahora se ha dicho que el sufrimiento es una consecuencia directa de la caída. Una de las intenciones del sufrimiento es hacer que el creyente sea consciente de su “condición pecaminosa” y cuán necesaria es la sumisión a la guía del Espíritu Santoen su vida. Cuando el creyente peca, y las consecuencias finalmente lo atrapan, emerge un proceso fascinante. El creyente caído se vuelve humilde, ya que reconoce su condición de pecado; a través de la confesión, el creyente libera la carga de su caída al Señor, sin embargo, debe afrontar y enfrentar las consecuencias, por más dolorosas que sean. Con un corazón humilde y con la resolución de honrar a Dios, el sufrimiento se experimenta completamente diferente. Se puede decir que el dolor humilla el corazón del creyente y lo acerca a Dios. Un corazón humilde está agradecido de que, a pesar de pecar contra Dios, en lugar de recibir toda la ira del Dios Todopoderoso, lo que obtiene alternativamente es una gracia inquebrantable y una misericordia suntuosa. Ese entendimiento ayuda al creyente a lidiar con el sufrimiento.

Otro propósito del sufrimiento es lo que el Dr. Larry Waters describe como sufrimiento redentor, en sus propias palabras: “[es el sufrimiento que] proviene de hombres y mujeres que han tenido el coraje de contar sus historias inverosímiles de participar en la misión de Dios en su sufrimiento, “completando lo que falta de las aflicciones de Cristo” (Col. 1:24, LBLA).” Es el tipo de sufrimiento que las personas que sirven a Dios experimentan por el bien de ejecutar la misión de Dios en la Tierra. Colosenses 1:24 prepara el terreno para este sufrimiento como escribió el apóstol Pablo: “Pues a ustedes se les dio no solo el privilegio de confiar en Cristo sino también el privilegio de sufrir por él.” (Fil. 1:29). El sufrimiento redentor tiene el propósito de servir como un vívido testimonio del amor de Dios que tiene el poder de conducir al no creyente a Cristo. El propósito del sufrimiento en las vidas de aquellos que llevan la misión de Dios es “mostrar al mundo lo que Cristo puede hacer a través de una vida totalmente entregada a él”. Las personas que dedican sus vidas al Evangelio, con frecuencia, experimentan lo que puede ser descrito como sufrimiento inmerecido. Este tipo de dolor alude a la angustia y aflicción en la vida del creyente que no se puede rastrear como una consecuencia directa del pecado o la desobediencia.

El sufrimiento tiene otro propósito en la vida del creyente: la identificación con Cristo. El apóstol Pablo dejó evidencia en sus escritos que llevan a asumir que todo creyente sufrirá; él creyó y enseñó que el sufrimiento es inevitable en este siglo presente, el cual es gobernado por Satanás mismo (Filipenses 1: 29-30; 2 Tim 3:12). Jesús pensando en sus discípulos, en relación con la realidad del dolor y del sufrimiento, les dijo: “Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” (Jn 16:33). Esta identificación también produce una profunda comunión con el Señor (Filipenses 3:10). A través de nuestro sufrimiento podemos saber quién es Dios, de qué es capaz de lograr su poder en nuestras vidas así como en nuestras circunstancias, las situaciones dolorosas nos ayudan, como creyentes, a continuar avanzando en nuestra vida cristiana, independientemente de las circunstancias, nos permite aferrarnos a la esperanza que reside en nosotros, y en consecuencia permanecer en él (Filipenses 3:12).

Santiago escribió acerca de otro beneficio del sufrimiento en la vida del creyente: la perseverancia (Santiago 1: 3). Este aspecto puede generar conflicto en la mente del creyente y disputa su corazón con respecto a la idea del sufrimiento y la bondad de Dios, ya   que esta dicotomía parece irreconciliable. La brecha aparente se puede unir con la realidad del sufrimiento como consecuencia del pecado, como un testimonio de identificación con el Salvador, como un vehículo para la misión de Dios en la Tierra, cuando el creyente comprende que a través de su sufrimiento se produce la perseverancia en su vida, la aparente dicotomía se reconcilia por la gracia de Dios. La persistencia conduce a la perseverancia, continuar hacia delante aun en el medio y, a pesar del sufrimiento, resultará en la obtención de la corona de vida prometida a aquellos que perduren (Santiago 1:12).

CONCLUSIÓN

El sufrimiento es una experiencia humana real, y los creyentes por igual lo experimentan. El dolor no respeta edad, género, afiliaciones políticas, antecedentes religiosos o situación socioeconómica. El sufrimiento no fue creado por Dios, porque habría sido contrario a la esencia y el resultado de la obra de Dios. El sufrimiento y el dolor vino como una maldición a la humanidad como consecuencia de la caída. El sufrimiento tiene el poder de alejar al creyente de la comunión con Dios y de otros creyentes, también produce malestar interno que se convierte en ansiedad, esta última conduce a la incredulidad y desconfianza en un Dios que no solo ha prometido, sino que ha demostrado ser real una y otra vez.

La aparente dicotomía entre el sufrimiento y la bondad se puede erradicar cuando el creyente reconcilia la experiencia con la realidad del propósito del sufrimiento. Ya sea que se remonte a un pecado específico cometido por el creyente, o que sea inmerecido, el sufrimiento tiene la intención de desarrollar y madurar la fe del creyente, ya que no solo nos muestra el corazón de Dios, sino también su carácter amoroso.

La perspectiva y el enfoque hacia el sufrimiento del creyente cambiará cuando lo veamos como gracia. La gracia es un favor, un favor inmerecido. Es un favor en el sentido de que, en la bondad amorosa de Dios, a través del dolor y el sufrimiento podemos tener nuestro corazón donde debe estar: humillado delante de Dios. Como ya se ha dicho aquí, el sufrimiento humilla al creyente, en esencia, los tiempos difíciles producen humildad en el corazón, pero también abre las puertas para compartir el amor y la gracia de Dios, que de otro modo permanecerían cerradas. El sufrimiento produce identificación, no solo con Cristo, sino con los demás. El dolor produce empatía con otros que pueden estar pasando por momentos difíciles en sus vidas. La comprensión conduce a la compasión cuando experimentamos como y junto a los demás tanto el sufrimiento como el dolor, entonces la compasión burbujea en nuestro corazón; y se produce el milagro: alcanzamos y traemos esperanza, amor, gracia y misericordia a aquellos que lo necesitan.

El dolor abre puertas para compartir con otros sobre la grandeza de Dios y cómo se puede encontrar esperanza cuando el sufrimiento se vuelve insoportable. El sufrimiento es una gracia que nos ayuda a entender más acerca de Dios, su carácter, su bondad y cuánto se preocupa realmente por su pueblo. El sufrimiento abre los ojos del creyente a una realidad: Dios tiene el control de todo. Él sabe y ve. Él está esperando que su pueblo clame a él para que pueda mostrar una vez más su soberanía.

Nuestro tiempo en la Tierra está limitado a este lado de la eternidad. Mientras nuestros cuerpos físicos permanecen ligados a esta tierra caída, el dolor y el sufrimiento serán la norma. Sin embargo, tenemos una esperanza segura y confiable: la eternidad con el Creador. En el otro lado de la eternidad, la perfección reina, la gracia abunda, la restauración es la norma, y alegría infinita fluirá libremente. Saber que la bendición y la misericordia de Dios junto con Su gracia para la vida del creyente no están limitadas ni restringidas al corto tiempo que tenemos de este lado de la eternidad, debería producir esperanza y seguridad en nuestras vidas. Los propósitos y la misión de Dios son eternos y perfectos. El creyente debe animarse en la realidad de que Dios sabe exactamente lo que está haciendo, incluso cuando enfrentamos sufrimiento.

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