Y no estén deseando estar en algún otro lugar o con alguien más. Dónde están ahora mismo es el lugar de Dios para ustedes. Vivan y obedezcan y amen y crean en ese lugar. Dios, no su estatus marital, define su vida. No crean que soy más duro con ustedes que con los demás. Doy el mismo consejo en todas las iglesias. 1 Corintios 7:17 El Mensaje

“¿Estas saliendo con alguien?” Esa es una de las preguntas más frecuentes que la gente me hace cuando se entran que estoy en mis 30’s y que además soy soltero. Sí, es verdad. Tengo 30, soy cristiano, y soy soltero. La gente, especialmente dentro de la Iglesia tiende a creer que hay algo mal conmigo. Muchas veces he escudado: “Cuando tenía tu edad, estaba criando dos hijos”, “¿Cómo es que sigues soltero?”, “¿Hay alguna chica en el radar?” Al principio, esos comentarios me hacían reír, pero conforme el tiempo pasaba esa risa se convirtió en desesperación, al ver como mis amigos comenzaban a casarse, la desesperación trajo consigo dolor, eventualmente el dolor creyó que la fiesta seria más divertida si invitaba a amargura. Cuando me di cuenta, la “fiesta de soltería” estaba compuesta por un cumulo de emociones crudas y ásperas que no me hacían ningún bien.

Como hombre soltero. decidí que invitaría a chicas a salir. Probablemente solo hice para que la gente dejara de molestarme con la misma pregunta lastimosa, sinceramente en el fondo solo quería que me dejaran en paz. Aun así, cada cita se sentía mal. Yo sabía que la chica sentada del otro lado de la mesa en el restaurante no era lo mejor de Dios para mi vida. Esta etapa de salir esporádicamente con chicas cristianas termino. Me di cuenta que solo lo estaba haciendo porque me creí la mentira que, la iglesia, la sociedad, y el diablo me hicieron creer: mi valor como hombre, mi identidad masculina, y mi estima como siervo dependía de si estaba soltero o no. Me tomo mucho tiempo, una gigantesca cantidad de remordimiento, y muchas lágrimas para, finalmente, descansar en el hecho de que no había nada malo en mi persona, que mi estima, mi valor, y mi identidad no descansa en si tengo o no un anillo en mi mano. Mi valor como hombre se encuentra en nadie más que Jesús. Mi valor fue dado por la sangre del Cordero y Su sacrificio perfecto. Mi identidad descansa en la obra perfecta de Cristo Jesús. Sé que eso no cambia mi estatus marital. Pero lo que, si hace, es traer confianza en el hecho y realidad de que estoy viviendo y floreciendo en el lugar donde Dios me ha colocado. Mi confianza y seguridad no dependen de mi estatus sino de la perfecta voluntad de Dios para mi vida.

Conforme pasaron los años, el deseo de casarme y comenzar una familia solo aumentó. De alguna forma, fabrique una lista de cualidades y requerimientos de lo que yo esperaba en una mujer. No voy a entrar en los detalles de esa lista. Suficiente decir que no había, y nunca habrá, una chica que cumpla con esos requisitos. La verdad es que me había permitido creer que estaba bien si no me compartía con alguien más. Eso es ser egoísta. Lo que es aún peor, es una mentira. Fuimos creados para estar en una relación, con Dios, primeramente, y con otro ser humano después. Eso es lo que aprendemos en Génesis. En el principio, Adán tenía una relación perfecta con el Creador, entonces se nos dice que “no había una ayuda ideal para él (Ge 2:20).” Por lo que Dios decidió entrar en acción, “Dios le sacó una de sus costillas y cerró la abertura. Entonces el SEÑOR Dios hizo de la costilla a una mujer, y la presentó al hombre. (Ge 2:21–22).” El tener una relación de unión especial y única es algo que fue diseñado por Dios desde el principio de los tiempos. No puedo recordar exactamente cuándo, pero un día decidí que no iba a permitir que el constante recordatorio de la gente respecto a mi soltería afectara la forma como me veía, influenciará mi autoestima, mucho menos impactará mi dignidad. Tuve que, intencionalmente, vestirme con estima y dignidad. Eso es algo que tiene que ser intencional, no se da espontáneamente.

Y no estén deseando…

Hay algo en los fines de semana que nos hace sentir miserables cuando el viernes finalmente llega. Un viaje, ya en la noche, a la tienda a conseguir helado en pijama no es el plan ideal, cuando consideras que la mayoría de los chicos de tu edad están teniendo una maravillosa velada romántica con su otra mitad, mientras tu estás en línea esperando pagar por esas, no deseadas, calorías con las que estas por ingerir para hacerte sentir mejor cuando llegues a casa. Seamos sinceros, llega una temporada en la vida del soltero cuando la mayoría de nuestros amigos o están saliendo con alguien o se están casando. Y tu solo observas en silencio. Anhelando. Frustrado. Como solteros, anhelamos estar en una relación. Pro lo menos, yo he estado deseando salir con alguien por más de 10 años. Estoy agradecido que Dios ha protegido de mi a las pocas buenas chicas cristianas con las que salí en el pasado. Seamos honestos, cómo solteros ansiamos estar en una relación sentimental con alguien más. Queremos disfrutar de la vida con alguien a nuestro lado.

Hoy quiero decirte algo, Dios no va a enviarte una pareja para rescatarte de tu miseria auto impuesta, ni para rescatarte de la presión social que estás experimentando. Él va a enviar a una pareja cuando tu corazón este en el lugar adecuado y listo para amar y ser amado. Si permites que esos comentarios lastimosos, miserables, y corrosivos te afecten al punto de robar tu gozo, paz, y contentamiento; entonces tu corazón todavía no está listo. Deja de preocuparte respecto a lo que no tienes, deja de desear lo que otros tienen (oh, por cierto, a eso la Biblia lo llama codicia. Lee Dt. 5:21), y abraza tu propio aquí y ahora. He llegado a aprender que donde estoy es donde Dios quiere que yo este, y que, si el me está permitiendo navegar esta temporada es por una razón; hay una lección que aún debo aprender, mi carácter necesita ser pulido antes de que él me lleve a la siguiente etapa en mi vida. No puedes llegar a la Universidad sin pasar por la Preparatoria.

Un día, tuve un momento de iluminación y me di cuenta que mi actitud hacia el “asunto” de la soltería necesitaba cambiar. En lugar de amargarme un poco más cada día, decidí comenzar a agradecer por lo que, a todas luces, no era una situación placentera. Tú también puedes cambiar la forma como percibes tu condición actual. En lugar de permitir que ese, lastimero, punto de vista robe tu gozo, paz, y tranquilidad al lamentarte a la vez que sientes lastima de ti mismo por apilar un montón de emociones negativas; se valiente, con convicción decide levantarte para adorar y agradecer a Dios por la temporada en la que te encuentras. No importa que tan doloroso el ser soltero pueda ser, nunca será como el dolor que experimento Jesús en la Cruz, el cual sufrió para que hoy podamos poner en él nuestras cargas (Mt. 11:28-29) y experimentar una ola de paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7).

Dónde están ahora mismo es el lugar de Dios para ustedes.

Como un joven soltero, me encontré pensando constantemente, “un día cuando… entonces yo…” Ese, quizás, fue el lugar más peligroso en el que me he encontrado emocionalmente, la razón es que había rechazado mi aquí y ahora. Dios me había dado un hermoso “hoy” para disfrutar y hacer de mi “hoy” lo mejor. En cambio, yo sentía lastima de mí mismo por no estar saliendo con alguien o casado, en lugar de abrazar mi realidad, en vez de servir a aquellos a los que podía bendecir durante esta difícil etapa, en lugar de enfrentar los desafíos que la vida me presentaba para crecer y madurar como hombre; lo único en lo que podía pensar era “un día cuando me case, entonces estaré completo.” Vivir en la tierra de fantasía de “un día cuando… entonces yo…” es más dañino de lo que te puedes imaginar. Esta forma de pensar es evidencia que tu corazón no está confiando en Dios, es una declaración de que no tenemos fe tanto en la voluntad como propósito de Dios para nuestras vidas. Si eres soltero, y tienes más de 25 años, no te puedes dar el lujo de vivir en el país de “un día cuando… entonces yo…” Seamos sinceros aquí por un momento, vivir bajo esa premisa es insensatez. Es despreciar la realidad que Dios, en su perfecta voluntad, nos ha permitido vivir como solteros por un tiempo, vivir así es rechazar la etapa en la que nos encontramos, es hacer menos el proceso de aprendizaje que nuestro “aquí y ahora” requiere para que seamos llevados a nuestro glorioso futuro ordenado y dado por Dios.

Antes de que Jesús muriera en la Cruz, algo extraordinario ocurrió. Tanto Él como sus discípulos estaban celebrando la Pascua, estaban todos comiendo cuando inesperadamente Jesús “se levantó de la mesa, se quitó el manto, se ató una toalla a la cintura y echó agua en un recipiente. Luego comenzó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura (Juan 13:4-5 NTV)”. El turno de que sus pies fuesen lavados le llegó a Pedro, en su entendimiento humano comprendió que era el quien debería estar lavando lo pies del Mesías y no la Segunda Persona de la Trinidad. Por supuesto, se rehusó, fue entonces cuando Jesús le dijo algo que aún hace eco en mi corazón hoy:

Jesús contestó:

Ahora no entiendes lo que hago, pero algún día lo entenderás. Juan 13:7 NTV

Jesús quería enseñarle una lección a Pedro, no era ni el tiempo ni el lugar para que Pedro lavará los pies del Maestro. Sé que es difícil, sé que es doloroso, estoy consciente de la frustración que produce el ser soltero, y que todos a tu alrededor lo resalten. Es cierto, ¡no comprendo porque llegue a los 30 soltero! Honestamente no sé la razón por la cual mis fines de semana consisten en películas y helado. Sin embargo, las palabras de Jesús traen paz a mi corazón: algún día lo entenderás. Al correr del tiempo, soy capaz de ver que hay áreas en mi vida que necesitan someterse, necesitan ser cambiadas y transformadas antes de permitir que alguien entre. No se trata de que tú seas lo suficientemente bueno para alguien más. Se trata de que no estás siendo transformado por el Espíritu Santo. Se trata de que tu estés caminando en completa libertad. Cristo dio su vida para que tanto tu como yo podamos experimentar libertad. Si estás constantemente estancado en la tierra de “un día cuando… entonces yo…” entonces no estás viviendo libremente. Al contrario, estás, voluntariamente, viviendo esclavo de lo que no tienes. De alguna forma, tendemos a creer que el matrimonio es la “Tierra Prometida” …No dudo, en lo absoluto, que no sea un lugar maravilloso para estar (la Biblia es clara en decirnos que el matrimonio es hermoso). Pero, dónde yo estoy en este momento, es lo mejor de Dios para mi vida. Algunos pudieran decir que esa es una excusa patética, que solo busca traer cierto contentamiento en la soltería. Sé de tu amargura. He estado allí. ¿Quieres saber algo? Se lo di a Dios, y ese es precisamente el mono (problema) que no quiero estar cargando en mi espalda. Rendición es la clave. La clave para caminar en libertad, contentamiento, y gratitud durante la soltería es entender que donde estamos es el lugar dónde Dios quiere que estemos. Saquémosle el mayor provecho a esta etapa. Hagamos que nuestros días valgan así nuestro corazón estará adquiriendo sabiduría (Salmo 90:12).

 

Vivan y obedezcan…

“-Está bien, ya lo entendí, ¡voy a ser soltero!” Eso fue lo que un día le grité a Dios cuando me di cuenta que la chica, de la iglesia, con la que parecía que estaba saliendo, no era tan entregada a las cosas de Dios como yo me esforzaba por creer. No puedo creer que, de hecho, estaba pretendiendo. Yo no estaba viviendo y disfrutando mi “aquí y ahora”. No estoy implicando que uno debe de permanecer obtuso a la idea de salir con alguien. La instrucción del Apóstol Pablo fue vivir donde nos encontramos. Vivir en libertad es maravilloso, cuando no eres esclavo de tu necesidad, de tu desesperación por finalmente casarte, entonces comienzas a sacar el mayor provecho de tu “aquí y ahora” porque entiendes que éste es el día que hizo el Señor, por lo tanto, te alegrarás y gozarás en el (Salmo 118:24). Esta etapa de la vida me ha enseñado una lección: si no puedo obedecer a Dios siendo soltero, ¿cómo espero guiar a mi familia en obediencia a Dios? Se nos llama a disfrutar donde estamos mientras llegamos a dónde vamos. Debemos amar el proceso. Volar de un país a otro requiere subirse a un avión, implica esperar poder abordar el avión, forzosamente involucra permanecer sentando en tu asiento durante el tiempo que dure tu vuelo; tu vuelo puede durar 30min hasta más de 18hrs. Pero si quieres ir de México a Australia, entonces deber permanecer en tu vuelo por más de 18 horas. Esas horas largas las sobrellevas porque sabes que al final estarás en donde planeaste estar y donde Dios en su gracia te está permitiendo llegar. Sé que es difícil, pero necesitamos aprender a amar nuestra soltería y agradecer a Dios por ella. No, no es fácil, pero el resultado lo vale. Debemos atesorar y cuidar tanto nuestro corazón, nuestra mente, así como nuestro cuerpo durante este tiempo en particular. durante nuestra etapa de soltería necesitamos trabajar en nuestro ser interior y en nuestra espiritualidad.

Ser soltero no es una sentencia de muerte. La soltería es sólo una etapa en donde podemos observar y experimentar a Dios en una forma más profunda y personal. El Apóstol Pablo animó a la gente a que creyera, viviera, y obedeciera justo en el lugar en el que se encontraban. Como joven soltero, decidí creer que esta temporada era una oportunidad para crecer como hombre, como líder, como siervo, y en cada área de mi vida. Decidí creer que mi soltería no es sino la perfecta ocasión para experimentar a Dios de una forma profunda. Esta es una etapa para creer que la vida es hermosa, creer que se te ha dado un propósito divino, creer que tu caminar en la vida puede enseñarle algo a alguien más.

Quiero animarte a que en cualquier lugar en el que te encuentres, en este viaje llamado soltería, creas que en verdad Dios tiene algo especial reservado para ti, pero también a que creas que tu “aquí y ahora” es lo mejor de Dios para tu vida en este momento. Vive una vida que grite, a los cuatro vientos, la fama de Dios al mundo, vive tu soltería de tal manera que Cristo sea exaltado a través de tus decisiones, vive de tal forma que sea evidente que estás obedeciendo a Dios y esperando por lo mejor del Padre para tu vida. Esta es la etapa de la vida en la que debes vivir una vida caracterizada por santidad, pureza, y obediencia. Si no puedes ser fiel a ti mismo y mantenerte puro hasta la noche de tu boda, entonces, con certeza, no podrás ser fiel a tu esposa por el resto de tu vida. Este es el tiempo de creer que Dios aún no ha terminado contigo, que él está produciendo su perfecta voluntad en tu vida, este es el tiempo de creer que estás soltero por un propósito que es más grande que tú, este es el tiempo de creer que lo mejor aún está por venir. Debemos confiar en el hecho de que Dios sabe lo que es mejor para nosotros. No necesitamos conocer los detalles específicos de nuestro viaje siempre y cuando creamos que Él está en control, y que en todo momento él está guiando el camino. Eventualmente, Él nos llevará a nuestro destino anhelado.

Dios, no su estatus marital, define su vida.

No neguemos la realidad, la gente casada, con frecuencia hace comentarios poco saludables y hace suposiciones poco santas respecto al porque es que estamos solteros. En mi viaje personal, he llegado a un lugar donde, a pesar de que anhelo ser esposo, padre, compañero; la ausencia de un anillo en mi mano no define quien soy, mucho menos lo que puedo hacer por el Reino de Dios. El anhelo está presente. La necesidad es real. El deseo de casarse es legítimo. No lo voy a negar. Estoy contigo. De alguna forma hemos permitido que nuestro estado marital defina quienes somos, y lo que podemos hacer. Esa es una mentira. Ser soltero no te convierte en una persona de segunda clase o en un cristiano poco espiritual. Ser soltero no debería excluirnos de la vida y actividad de la Iglesia. Por el contrario, debería de abrirnos puertas para el servicio, para que podamos extender compasión de manera tangible.

Creo que la lucha, el anhelo, y la necesidad de estar en una relación con tu “personita favorita” es real. Yo luche con eso por mucho tiempo. Cuando alcanzas la barrera de los 30’s y eres soltero, la gente comienza a hacer preguntas que lastiman, especialmente gente dentro de la Iglesia, el único lugar donde nosotros como solteros deberíamos de esperar encontrar fortaleza, animo, amor, compasión, y dirección mientras navegamos por esta etapa, termina siendo el lugar donde se nos cuestiona de tal forma que lejos de traer ánimo, se vuelve una carga que lastima no solo nuestras emociones sino nuestras almas por igual. Tristemente el lugar más peligroso y dañino para una persona soltera es la Iglesia. La gente tiende a colocar un gran sentido de expectación sobre nosotros. Ellos continúan presionando. Lo que quizá ellos desconocen es que, en lugar de hacernos un bien con sus preguntas, nos lastiman en gran manera. Sus comentarios y cuestionamientos a veces solo incrementan el sentido de soledad en que, a veces como solteros, nos encontramos.

Como un joven adulto soltero, no necesito que la gente me este constantemente recodando mi soltería y animándome a tener contentamiento, lo que necesito es que el Cuerpo de Cristo se ponga a mi lado y valore mi soltería. Efectividad y verdadero impacto en mi servicio al Señor, no se basa, mucho menos depende de si tengo o no un anillo en mi mano. Mi estatus marital no define mi amor por Dios, mi pasión por su llamado, mi compromiso a su servicio, ni mucho menos quien yo soy como persona, como hombre, como líder, y como siervo.

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