Todavía no me acostumbro al calor de estos lugares. Es un calor bastante húmedo. El lunes finalmente llego. Fuimos al picnic. No dejaba de sudar, el calor era sencillamente insoportable para un mexicano que no está acostumbrado a temperaturas superiores a los 35C. Esa mañana le pedí al Señor que me ayudara a soportar mis bendiciones.

El momento de ir al retiro finalmente había llegado. Suspire profundamente. Esto implicaba un viaje de cuatro horas con desconocidos hablando en otro idioma. Al principio fue “raro”, pero después logramos hacer que las cuatro horas no fuesen tan largas y pesadas como inicialmente creí serian.

Llegamos a Fort Pickens en la Florida casi al anochecer. Y el reto recién estaba comenzando. Los que me conocen saben que no soy mucho de estar en la naturaleza, privado de las comodidades y confort que la civilización/urbanidad nos provee. Armamos una tienda de campaña prácticamente en la oscuridad. Dentro de todo la noche estaba refrescando y eleve una oración de agradecimiento en ese momento.

El retiro fue formidable. No hicimos nada más que pasar tiempo juntos, conociéndonos, meditando en las cosas del Señor. Teníamos la libertad de hacer lo que quisiera, sin embargo intencionalmente decidimos hacer prácticamente todo juntos. Desayunábamos, teníamos un tiempo con Dios, y de allí nos dirigíamos a la playa.

El miércoles fue, quizá, el día mas especial de la semana. Tuvimos un “Solo Time”, básicamente nos llevaron a lugares apartados de la gente, para pasar 5hrs en contemplación, leer la Biblia, orar, y meditar en algunas cosas. En el caso mío, me costó trabajo al principio meterme con Dios, pero conforme el tiempo paso me encontré a solas con Dios. Fue como si el Espíritu Santo me hubiera visitado personalmente. Pudiera escribir mucho sobre lo que paso durante esas cinco horas a solas con Dios. Pero prefiero reservármelo y que permanezca como un secreto entre Dios y yo.

Cada noche dos personas del equipo compartían parte de su historia personal. Se nos pidió que hablásemos sobre tres capítulos de nuestra vida que nos hayan impactado. Debo confesar que no fue fácil. Al principio pensé “De ninguna manera. No los conozco!!”, pero conforme el tiempo fue pasando me di cuenta que habíamos logrado generar un vínculo, y que hablar con 5 desconocidos sobre mi vida, sobre esos capítulos, dolorosos algunos, que han marcado mi vida; resulto no solo fácil sino sanador.

Al principio me había hecho una imagen mental de cada uno de los miembros del equipo. Tenía mis reservas. Me sentía un poco incómodo. Sin embargo al escuchar sus historias pude darme cuenta del valor de cada uno, pude verlos como mis iguales: personas rotas, redimidas por la sangre del Cordero, que a pesar de nuestras fallas, de nuestro dolor, de nuestros fracasos, anhelamos vehementemente amarlo, servirlo, y honrarlo. Escuchar la historia de los demás me hizo amarlos. Sembró en mí el deseo de desarrollar una amistad con ellos no nada más una relación de trabajo.

La historia personal de una persona te ayuda a entender su pasado, te capacita para aceptar su ahora, y abrazar su mañana. Jesús hizo exactamente eso con nosotros. El apóstol Pablo escribe “En esos tiempos, ustedes vivían apartados de Cristo.”[1] Esa era la razón principal por la cual no se nos permitía ser ciudadanos del Reino de Dios, el estar lejos de Dios no nos permitía conocer las promesas del pacto de Dios con los hombres (Mt. 26:28). Vivíamos en este mundo sin Dios y sin esperanza[2], sin embargo, cuando creímos en Cristo y aceptamos la nueva realidad de que somos una nueva creatura en él (2 Cor. 5:17) aceptamos ipso facto nuestro presente: pecadores redimidos que poseen una esperanza eterna. Cuando entendemos esta realidad de quienes éramos y lo que somos ahora, podemos abrazar expectantes nuestro futuro, un futuro que promete que seremos “transformados en cuerpos que nunca morirán; nuestros cuerpos mortales deben ser transformados en cuerpos inmortales.” [3]


[1] Nueva Traducción Viviente (Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc., 2009), Eph 2:12.

[2] Nueva Traducción Viviente (Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc., 2009), Eph 2:12.

[3] Nueva Traducción Viviente (Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc., 2009), 1 Co 15:53.