En la últimas semanas en México y alrededor del mundo hemos estado escuchando acerca de la equidad e igualdad; mucho se ha discutido y se seguirá discutiendo respecto a que tan tolerantes o poco tolerantes somos dentro de la comunidad evangélica. Las redes sociales no dejaran de atacar a la Iglesia por sostener y defender la postura tradicional a la que diferentes tradiciones cristianas se adhieren.

La palabra retrogrado e intolerante están de moda. Ambos adjetivos se utilizan con suma ligereza. Dichos adjetivos se esparcen como fuego en pastizal seco. Algunas expresiones tradicionales del cristianismo han decidido abandonar su postura y redefinir términos; acción que en lo absoluto les compete. Ellos tendrán que rendir cuentas delante del Creador por las decisiones que han tomado. Todos nosotros, eventualmente, lo haremos.

¿Cuál es mi posición con respecto al “repentino” empoderamiento de la comunidad gay y al pronunciamiento a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo? No pretendo sumarme a la discusión actual que está en auge en nuestra sociedad. Mi intención es dejar en claro cuál es mi cosmovisión con respecto a la humanidad.

Sostengo firmemente que toda la creación es hermosa pues releja la gloria de su Creador (Sal. 19:1-4). Creo que “desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado...”[1] Soy creacionista por convicción. Lo hermoso y lo valioso de Dios debe ser entendido desde el momento mismo de la creación.

En el libro del origen de todo, se nos muestra algo más profundo que el relato sobre cómo la Tierra y todo lo que en ella existe fue creado. Sostengo firmemente que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó. [2] Mi énfasis en este punto es el ser humano como tal. Al ser diseño exclusivo de Dios valor fue colocado en nosotros, dignidad fue puesta en nosotros. Esto es algo que tristemente los evangélicos olvidamos: que todo ser humano desde su concepción tiene dignidad y valor. Creo que Dios creo al ser humano a su imagen y a su semejanza (Gen. 1:26-27). Tal es el valor que Dios coloco sobre la humanidad que decidió honrar al hombre al permitirle ejercer dominio sobre la creación (Gen. 1:26 y 28).

Independientemente de las decisiones que el hombre, como género, tome; estas dos cualidades no son disolubles. Sin embargo la Palabra de Dios nos dice claramente que el ser humano; como consecuencia de la confusión mental y oscuridad que produce el no honrar a Dios viviendo conforme a sus valores (Rom. 1:21), es el único responsable de degradar su cuerpo haciendo cosas viles que lo único que hacen es traer vergüenza sobre sus vidas (Rom. 1:24), sin embargo su valor es inalterable.

Creo que lo que hacemos con nuestros cuerpos afecta directamente a nuestras almas. No somos cuerpos que tienen alma mas bien somos almas que tienen un cuerpo. Dios mismo sopló aliento de vida en la nariz del hombre, y el hombre se convirtió en un ser viviente. [3] Hay dignidad y majestad en el proceso mismo de la creación del ser humano y sin embargo somos seres frágiles y dependientes que necesitamos ser guiados e instruidos.

No quiero centrarme en que es lo que significa ser heterosexual u homosexual. Mas bien quiero poner sobre la mesa la siguiente pregunta: ¿qué significa ser humano? Adán proviene del vocablo Adama que significa ser formado de la tierra. Ser humano significa ser una creación valiosa y hermosa, significa ser la corona de la Creación, significa ser coronado de gloria y honor (Sal. 8:5) pero al mismo tiempo frágil y dependiente, es esa fragilidad la que nos vuelve vulnerables a la corrupción y degradación (Rom.1:24-25).

Con respecto a las preferencias sexuales de cada individuo me declaro respetuoso. Sin embargo no endoso el estilo de vida gay. A la luz de las Escrituras este estilo de vida es incorrecto (1 Cor. 1:9-10). No solo es incorrecto sino es inmoral porque atenta contra el diseño original de Dios establecido en Génesis cuando creo hombre y mujer y les comando a que se reprodujeran (Gen. 1:28). En este punto quisiera hacer un llamado a muchos miembros dentro de la comunidad evangélica. No tratemos como inferiores a la comunidad gay, no los veamos como seres de segunda clase, no los odiemos, al contrario extendamos gracia y misericordia. Si hemos de tratar a todos los integrantes del colectivo LGBT como seres impuros e inferiores deberíamos tratar de la misma manera a: a) los que profesan el catolicismo romano, b) a aquellos que dejan a su conyugue por otra persona, c) a los que roban, d) a todos aquellos que desean tener y poseer aún mucho mas de lo que tienen, deberíamos también tratar como individuos de segunda clase e) a todos aquellos que se emborrachan, f) a aquellos que profieren insultos, e inclusive g) a aquellas personas heterosexuales que estafan a la gente (1 Cor. 1:9-10). Se nos olvida que este quebrantamiento sexual se encuentra incluido y a la par de los siguientes quebrantamientos: idolatría, adulterio, prostitución, robo, avaricia, ofensa, alcoholismo, y estafa. Como seguidores de Jesucristo se nos olvida que Dios no hace acepción de personas (Hch. 10:34).

Creo que Dios ha exclusivamente reservado tanto la intimidad como las relaciones sexuales para el matrimonio heterosexual (Ef. 5:3, Col. 3:5, 1 Cor. 6:9). Creo que el soltero debe vivir una vida pura y célibe, absteniéndose por completo de cualquier forma de intimidad sexual (1 Tes. 4:3).

Con respecto a la reciente aprobación en nuestro país de matrimonio igualitario hago mías las palabras que nuestro presidente en el Seminario Teológico de Dallas, Dr. Mark Bailey, expreso hace unas semanas que refleja lo que la Biblia dice (a esa verdad bíblica me adhiero): El matrimonio fue concebido desde el principio de la creación como un pacto de unión entre un hombre y una mujer bajo una relación permanente y exclusiva (Gen. 2:24, Mtt. 19:4-9, Mr. 10:5-9). El diseño de Dios para esta relación fue para propósitos de procreación, placer personal, y cumplimento del propósito de reflejar la imagen del Creador y la relación deseada por el con su pueblo (Gen. 1:27-28; 2?18-24; Ef. 5:31-33). Esa imagen involucra tanto a hombres como mujeres utilizando el matrimonio como representación de la cooperación mutua dentro de una diversidad diseñada para administrar la creación de Dios.

Creo que la Biblia es la Palabra de Dios revelada a nosotros, como tal es autoritativa y veraz, no contiene error alguno, creo que ella establece los principios y parámetros bajo los cuales rijo mi vida. Basado en la Santa Biblia y en la constante enseñanza moral de la iglesia Universal, creo que:

  • El matrimonio es la unión permanente, exclusiva, comprensiva, y conyugal “una sola carne” entre un hombre y una mujer, intrínsecamente ordenada para la procreación y establecimiento de una familia bilógica, y en cumplimiento del bien moral, espiritual y unión publica entre padre, madre e hijos. (Gen. 1:27-28; 2:18-24; Mt. 19:4-9; Mr. 10:5-9; Ef. 5:31-33).
  • Actos sexuales fuera del matrimonio están prohibidos y son considerados pecado. Como hijo de Dios debo abstenerme de cualquier acto inmoral que incluye mas no se limita a la coexistencia, adulterio, fornicación, incesto, zoofilia, pornografía, prostitución, voyerismo, pedofilia, exhibicionismo, sodomía, poligamia, o cualquier tipo de acto sexual entre personas del mismo sexo. (Ex. 20:14; Lev. 18:7-23; 20:10-21; Deut. 5:18; Mtt. 5:27-28; 15:19; Rom. 1:26-27; 1 Cor. 6:9-13; 1 Tes. 4:3; Heb. 13:4; Gal. 5:19; Ef. 4:17-19; Col. 3:5)
  • Dios creo a la humanidad a su imagen: hombre y mujer, sexualmente diferentes pero con la misma dignidad personal. Por lo tanto cualquier intento de alterar o cambiar físicamente es renegar de ese diseño original. Con respecto a la identidad sexual Dios creo hombre y mujer. (Gen. 1:26-28; Rom. 1:26-32; 1 Cor. 6:9-11)
  • Las Escrituras permiten dos opciones que mejoran la vida en términos de conducta sexual: a) La unión conyugal (“una sola carne”) entre un hombre y una mujer, y b) el celibato. Cualquiera de los dos es un regalo de Dios, dado como el desea para Su gloria y para el bien de aquellos que reciben y se gozan con el don que el les ha otorgado. (Gen. 1:27-28; 2:18, 21-24; Mtt. 19:4-6; Mr. 10:5-8; Heb. 13:4; 1 Cor. 7:1-8, Mt. 19:12; 1 Cor. 12:12-13; Rom. 12:10; 1 Tim. 5:1-2)

Es mi convicción personal que Dios me llama a amar y respetar a su creación. No tengo derecho alguno para condenar el estilo de vida de cualquier individuo. Eso solo le corresponde a Dios. Sostengo como veraz lo que la Biblia enseña como verdad. Defenderé siempre el diseño original de Dios para su creación.

Sin embargo rechazo categóricamente la reciente oleada de odio y condenación que muchos dentro de las diferentes tradiciones del cristianismo han demostrado a través de las redes sociales. En lo personal no creo que las redes sociales, ni el internet, sean las plataformas para tocar temas tan profundos y delicados como la sexualidad.

El odio y sectarismo a lo largo de la historia de la comunidad evangélica no ha hecho sino segregarnos, y ser concebidos por los “de afuera” como intolerantes y faltos de amor. Como evangélicos no compartimos, tampoco nos congratulamos con muchas de las cosas que están sucediendo en nuestras sociedades. Sin embargo, nuestra ética y moral cristiana nos debe llevar a amar, no odiar, nos debe llevar a extender gracia, no juicio, nos debe llevar a mostrar misericordia, no odio; ¿como pues pretendemos alcanzar a una sociedad sin Dios, cuando en lugar de mostrarle amor la condenamos ipso facto? Asevero que la necesidad de un salvador es la misma para todas las personas; independiente de sus “preferencias sexuales“. La obra de regeneración le corresponde única y exclusivamente al Espíritu Santo, no a nosotros. Dios nos perdone por querer usurpar el lugar y papel del E.S.

El quebrantamiento sexual es una manifestación de un quebrantamiento interior cuya raíz esta el corazón. La línea entre seguidores de Jesús y fariseos es muy delgada. Lamentablemente muchas veces como evangélicos hemos, sin darnos cuenta, cruzado esa línea. Convirtiéndonos así en aquello que Jesús categóricamente rechazo y condeno. Es nuestro deber levantarnos y amar a la comunidad gay al reino de Dios. El Padre por el sacrificio del Hijo y por la acción del Espíritu Santo se encargara de traer convicción, arrepentimiento, y entrega. Esa es mi posición oficial con respecto a la agenda gay.


 

[1] Lockman Foundation, Santa Biblia: La Biblia de Las Américas: Con Referencias Y Notas, electronic ed. (La Habra, CA: Editorial Fundación, Casa Editorial para La Fundación Bíblica Lockman, 1998), Ro 1:20.

[2] Nueva Traducción Viviente (Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc., 2009), Ge 1:27.

[3] Nueva Traducción Viviente (Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc., 2009), Ge 2:7.